Requisitos

La Selva Lacandona constituye el macizo de selva tropical húmeda más importante de México, debido a su riqueza biológica y a los servicios ambientales que provee. Se trata del centro de más alta diversidad biológica en el trópico de Norte y Mesoamérica, pero ¿qué significa que en el 0.2% del territorio nacional se concentre un importante porcentaje de las especies presentes en el país?

Originalmente la Selva Lacandona ocupaba 1.8 millones de ha pero debido a deforestación y al cambio de uso de suelo para las actividades agropecuarias, hoy se encuentra reducida a sólo 500,000 ha (Semarnat, 2006). De estas, 419,525 ha están bajo la categoría de Áreas Naturales Protegidas, la más extensa es la Reserva de la Biosfera de Montes Azules (con 331,000 has).

En la Lacandona se encuentra una de las selvas húmedas más altas (con árboles emergentes hasta de 60 m. de altura) de México, la vegetación en esta región es peculiar debido a su origen fisiográfico y a la morfología de los suelos. Ahí convergen especies de origen neártico y neotropical (Toledo y Carrillo, 1992) y sólo aquí pueden encontrarse animales y plantas de origen amazónico (Esteban Martínez. com. pers.) Además, el macizo de vegetación posee el 43% de la flora de Chiapas y el 19% de la flora de nuestro país, compuesta por 22,800 especies (Rzedowski 1991). Mantiene poblaciones silvestres de árboles maderables y otras plantas con importancia económica, como el cedro, la caoba, la palma camedor, la vainilla y el cacao. Aunado a esto es el único hábitat de la Lacandonia schismatica, una especie que ha revolucionado el entendimiento de la biología vegetal en el mundo (Martínez y Ramos, 1989).

La Selva Lacandona, junto con la región de Calakmul en Campeche y la del Petén en Guatemala y Belice, forma el mayor macizo de selva en Mesoamérica. En esta región se conservan poblaciones de especies amenazadas o en peligro de extinción. En la Norma Oficial Mexicana (NOM-059-ECOL-2001), que enlista a las especies que están en alguna categoría de protección, se encuentran 65 especies de aves, 27 de mamíferos, 18 de reptiles y cinco de peces que habitan la zona; entre ellas animales emblemáticos como el jaguar, el tapir, el pecarí de labios blancos, la guacamaya roja, la tortuga blanca y el águila arpía.

La Selva Lacandona alberga la mayor riqueza de mamíferos de México, se han registrado 113 especies de este grupo y algunas como el tlacuache cuatro ojos y el armadillo cola desnuda solamente se encuentran en esta región del país (Medellín, 1994). Algo similar sucede con otros grupos, el 30% de las aves del país habitan en la Lacandona, siendo este el único lugar de México donde se tienen registros de una población viable de guacamaya roja (Natura y Ecosistemas Mexicanos, 2013). Además, se conocen 54 especies de insectos que tienen afinidad con Centroamérica y la cuenca amazónica, cuyo límite de distribución en el continente es el río Lacantún, la parte más sureña de la región Lacandona (De la Maza y De la Maza, 1987). Se han identificado 800 especies de mariposas diurnas que representan el 44% de la biodiversidad del grupo en México, algunas de ellas son endémicas del género Agrias, Bolboneura y Perrhybris (De la Maza y De la Maza, 1982, 1985, 1989 y 1993).

La Lacandona se ubica en la cuenca media del Río Usumacinta, donde se produce cerca del 30% del agua dulce del país (INE, 2000). Los ríos y arroyos que surcan la selva acarrean una importante cantidad de nutrientes que alimentan a las pesquerías del Golfo de México. El río Lacantún posee una alta diversidad de peces compuesta por 56 especies, de estas 22 son exclusivas de la región (Ramírez et al., 2009).

Las especies de flora y fauna que habitan la Selva Lacandona juegan un papel preponderante en la dinámica y mantenimiento de los ecosistemas, además de ser una fuente de recursos naturales primordiales para los pobladores que habitan los bosques tropicales de Mesoamérica (Robinson y Bennett, 2000).

Los ecosistemas de la Selva Lacandona tienen la potencialidad de producir innumerables materiales útiles para el consumo humano. Además provee servicios ambientales como la regulación del clima, el secuestro de carbono, el mantenimiento de la biodiversidad, y la conservación del agua y de los suelos. Estas funciones, tienen la potencialidad de generar un ingreso adicional para las poblaciones locales y la economía nacional.

La productividad de la región está íntimamente ligada al estado de conservación de los ecosistemas y a los procesos ecológicos que ahí ocurren. Por ejemplo, la vegetación en buen estado de conservación contribuye a la regulación del clima y la dinámica hidrológica; reduce los posibles daños causados por inundaciones; controla la erosión; favorece el desarrollo del suelo, de los ciclos biogeoquímicos y da soporte a las cadenas tróficas terrestres y acuáticas (Meli, 2014). De perderse o fragmentarse este territorio, los procesos evolutivos y ecológicos que ocurren en la selva se verán afectados y con ello los servicios ambientales que la selva provee.

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